1993 Esculturas/Dibujos

Pep Aymerich desde el principio de su trabajo artístico ha investigado de manera paralela la escultura y el arte de acción, estas líneas son para él indisociables. "La técnica empleada se caracteriza por ser muy cuidadosa y precisa de acuerdo con las necesidades de cada pieza, (...) con un acabado impecable (...)"[1]. Trabajo introspectivo que surge del "viaje del espíritu hacia el alma, para reflejar su preocupación por trascender más allá de la propia materia y elevarse al infinito. La mayoría de las esculturas tenían formas elípticas, ovaladas o esféricas y casi siempre con las aristas redondeadas, que le otorgaban una calidad de exenta.

[1] Pol, Marta. Pep Aymerich. Catàleg de l’exposició Escletxes, editat per Espais Centre d’Art Contemporani, Girona, del 15 de setembre al 23 d’octubre 1994.


Isabel Banal presentó la serie de dibujos de pequeñas dimensiones, con motivos construidos a partir de collages de imágenes de la vida cotidiana como etiquetas de infusiones o dibujos efectuados por el artista como montañas o libretas en blanco. La disposición de estos elementos en el espacio era pensada para destacar su autonomía, siguiendo una estructura compositiva próxima a sus esculturas expandidas. Imágenes con una fuerte "carga poética, precisa y sin ambigüedades, que permiten a Isabel Banal hablar metafóricamente del acontecer diario como el elemento transformador de su discurso artístico. Aunque cada elemento mantiene su identidad en mostrarse con sencillez y austeridad, se transforma en sentimiento vivencial y al mismo tiempo se transfigura lo inanimado en entes vivos. y a medida de contemplarlas, la vibración hace hablar el silencio, donde las pequeñas cosas se convierten en alegorías de una realidad" que toma significación gracias a la connotación analógica que establece el espectador / observador, a partir de un particular sistema de relaciones vinculadas a su conocimiento y / o experiencia vital. 


La instalación de esculturas que, Toni Giró presentó en 1993 en el comedor de la botas de la Catedral del vi, quería ser una reflexión sobre la relación del artista, de la obra y de la situación del observador en el espacio a intervenir. De este modo, trabajó la idea del sujeto-arte a partir del rastro de una parte de su cuerpo y elaboró varias empuñaduras de su mano, que pasó a metal  para ser colocadas en soportes o peanas de diferentes tamaños y materiales, pero manteniendo una correlación de proporción y escala muy singular.  Al mismo tiempo  que concibió la instalación de las esculturas como una escenografía, a partir de la  idea de teatralidad,  con el fin de poder observar cómo estos principios, casi performáticos,  interaccionaban con los objetos de la bodega y la dinámica de restaurante. Esta nueva realidad, le permitió establecer una nueva relación entre observador y la instalación,  puesto que por sus particularidades  comportaba ciertas dificultades en la lectura global de la obra.  Ya que, si por un lado, la mayoría de las esculturas mantenían una correlación de objeto y peana de escala muy particular, y por el otro, su disposición -entre la arquitectura y las mesas- proporcionaba a los comensales, al estar sentados en el comedor-bodega, una visión excepcional del entorno. Así pues, el trabajo de Toni Giró ponía el acento, como el mismo artista ha descrito "en el rastreo de una expresión plástica que traduce, con humor e ironía, una sutil aprehensión de lo real".